Muchas reuniones y entrevistas del presidente checo no se llevan a cabo en
su sede habitual, el Castillo de Praga, sino en la residencia vacacional,
el palacio de Lány. Se trata de un idílico paraíso rural perteneciente
al Estado desde 1921 y del que se enamoró profundamente el primer
presidente checoslovaco, Tomáš Garrigue Masaryk.