“Los checos planean su vida con mucha anticipación”

28-02-2020

La vida checa con ojos chilenos nos la presenta Daniela Zepeda que cruzó la frontera de Chequia en 2012. La maestra de guardería nos cuenta sus impresiones y sorpresas del corazón de Europa.

Daniela Zepeda, foto: archivo de Daniela ZepedaDaniela Zepeda, foto: archivo de Daniela Zepeda Bonito, económico, cómodo y con oportunidades laborales. Así le describieron la República Checa a Daniela, quien no se lo pensó dos veces y se lanzó a la aventura. La adaptación a la vida checa no la encontró demasiado dificultosa, solamente con una excepción, según señala.

“La gente es muy seria. Cuando iba a una tienda con alimentos, al principio estaba pensando si había hecho algo mal, los habría ofendido de alguna manera o me equivoqué en algo porque te miraban con una cara enojada. Al principio iba casi con miedo a comprar”.

Los checos no se meten en tu vida

Daniela se ha acostumbrado a este trato especial por parte de empleados de cara al público e incluso afirma que con las nuevas generaciones esta actitud antipática se está paulatinamente despidiendo del sector terciario checo. Aunque entablar amistad con los checos puede ser un desafío, debido a su carácter más reservado. Por su parte, la maestra chilena aplaude el respeto general que percibe entre la sociedad checa.

“Me gusta que no se meten en la vida de nadie. Te dejan vivir tranquilo. No te miran raro, puedes andar vestido en la calle como quieras y nadie te va a decir nada. Viven su vida, lo que me parece muy bien”.

Daniela Zepeda, foto: archivo de Daniela ZepedaDaniela Zepeda, foto: archivo de Daniela Zepeda Más tarde o más temprano, uno se contagia inevitablemente con costumbres y hábitos locales y Daniela no es la excepción.

“Es inevitable, te acostumbras a cómo funcionan las cosas acá. Por ejemplo, en los medios de transporte la gente no habla muy fuerte, entonces cuando se suben al metro grupos de turistas italianos y hablan muy fuerte hasta me molesta un poco. Me acostumbré a reciclar o quitarme los zapatos cuando entro en la casa. En el doctor o banco, todos respetan el orden de espera, en el metro la gente espera para subirse, la mayoría de la gente paga por el transporte”.

Daniela trabaja con los niños, lo que le facilitó el aprendizaje de la lengua checa. En el comportamiento de sus pupilos no encuentra grandes diferencias en comparación con niños chilenos, pero cree que generalmente se merecen más cariño.

“Encuentro raro que un niño de tres años celebre su cumpleaños y le den la mano, le miran a los ojos y le felicitan. Tiene tres años, necesita que lo abracen. Esto es para mí muy raro”.

A pesar de su carácter más frío, Daniela considera a los checos educados y dispuestos a ayudar, como relata a través de una anécdota.

Daniela Zepeda, foto: archivo de Daniela ZepedaDaniela Zepeda, foto: archivo de Daniela Zepeda“Andaba con muletas y cuando me subía al transporte, todo el mundo se paraba para darme asiento. Por su parte, poco después viajé con muletas a Suiza, en el aeropuerto me hicieron pasar rápidamente y abordar primera en el avión. Es increíble como en Suiza nadie te da asiento cuando vas con muleta en el bus, les daba lo mismo”.

Daniela valora de forma positiva asimismo la atención médica. Por su parte, el funcionamiento de las oficinas públicas baja en su ranking, y no es solamente por la ocasional frialdad de sus empleados.

“La primera vez que me vine, me regresé, porque tuve problemas con la visa. Fui a postular a Berlín y el otro papeleo se tiene que hacer en Praga. Las oficinas no parecen muy conectadas; me dijeron que no entregué a tiempo un papel de Berlín y que mi visa estaba rechazada. Una semana después me avisaron de Berlín de que estaba aprobada. Este documento me llegó tarde de una oficina, entonces en la otra me dijeron que no”.

La apretada agenda checa

De acuerdo con la maestra, la improvisación no tiene mucho lugar en la agenda de la sociedad checa que planea cuidadosamente su tiempo libre, según pudo observar.

Daniela Zepeda, foto: archivo de Daniela ZepedaDaniela Zepeda, foto: archivo de Daniela Zepeda “Decirle a un checo el lunes si el sábado hacemos algo, es imposible, porque ya tienen planeado el sábado desde hace dos meses. Siempre hay que avisarles con meses de anticipación. En invierno pasan los fines de semana en la montaña, en verano en su “chalupa”, o sea, su casa de campo. Todo está súper planeado. Les gusta mucho estar afuera, apenas sale un poco de sol, salen a los parques, a la montaña, a caminar”.

Fue precisamente en Chequia donde Daniela adquirió su nueva afición de salir al bosque para recolectar hongos, lo que es considerado uno de los pasatiempos nacionales checos.

“Salen mucho, pero con moderación”

Según muchos, otra afición popular son las visitas a las “hospodas”, es decir, a las tabernas para tomar cerveza y conversar con amigos. Aunque los checos salen frecuentemente también entre semana, lo hacen de una forma ingeniosa para seguir eficientes en sus trabajos, opina la chilena.

“Lo que es muy diferente es que salen a lo mejor todos los días, pero temprano. Si pueden, a las cinco de la tarde ya se están tomando su cerveza, pero creo que a las once de la noche están en casa. Toman mucho, pero creo que es más medido, porque como es todos los días, no es tanto”.

Daniela aprecia su vida checa y espera llevarla durante mucho tiempo más.

 

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cr@radio.cz

28-02-2020