El Barrio Judío
Por Mónica Villegas Gallego
Según crónicas antiguas, el asentamiento de judíos en el
territorio de la Praga actual, adonde se trajeron consigo su
peculiar cultura, data del siglo X, localizándose en aquella época
en las inmediaciones de lo que posteriormente fuera el legendario
Castillo de Vysehrad. Los historiadores sitúan posteriores
asentamientos judíos en lo que sería la Ciudad Pequeña Praguense,
y en las inmediaciones de la Plaza Mayor de la Ciudad Vieja, donde
según las crónicas, ya en el año 1091 se distinguían dos
comunidades en cuyos marcos los judíos se edificaron sus propios
sistemas administrativo y religioso, construyendo al efecto
escuelas y sinagogas.
En su dura lucha por la existencia con las poblaciones vecinas
los judíos de la comunidad praguense sufrieron crueles pogroms, y
en varias ocasiones se vieron obligados, incluso, a trasladar su
residencia a otros lugares. Así, por ejemplo, en el año 1541, en
los tiempos del rey de Bohemia Fernando I de Habsburgo - hermano
del rey Carlos I de España y V de Alemania - y posteriormente en
1744, bajo el reinado de María Teresa de Austria, los judíos
fueron desterrados de todos los territorios de la corona checa.
Mientras que las poblaciones vecinas - la mayoritaria, checa y
la alemana- se vieron beneficiadas con la concesión de los fueros
reales de ciudad medieval, y la Ciudad Vieja Praguense en que
residían recibió del soberano numerosos privilegios reales, los
judíos fueron excluidos de la vida económica y política. Razones
de índole social, religiosa y económica confinaron a los judíos de
Praga a determinadas calles y zonas, separadas por murallas de las
restantes ciudades - y hoy barrios - de Praga. Pero este aislamiento
forzado de los judíos de Praga, afortunadamente no conllevó al
estancamiento de su peculiar cultura, que desde los orígenes del
asentamiento de este pueblo en Praga, se desarrolló
sistemáticamente.
En el interior de la Judería praguense o Barrio Judío - desde el
siglo XVI denominado ghetto - la vida se concentraba alrededor de
varias sinagogas. La principal y más antigua de todas las
existentes en Praga, llamada Viejo Nueva, fue construida en la
segunda mitad del siglo XIII, poco después de que la Ciudad Vieja
Praguense recibiera los fueros reales de ciudad medieval y fuera
amurallada.
Desde mediados del siglo XV, cuando fuera clausurado el
cementerio que emplearan los judíos desde su llegada a Praga en el
siglo X y que se encontraba fuera del Barrio Judío en una zona que
hoy pertenece a la Ciudad Nueva Praguense, este pueblo se vio
obligado a enterrar a sus muertos en la propia Judería. De esta
manera surgió el llamado Antiguo Cementerio Judío.
Una de las victorias de la revolución del año 1848 en contra
del poder imperial de Francisco José, fue la concesión de derechos
ciudadanos y políticos a las comunidades judías de Praga y de
otras regiones del entonces Reino de Bohemia.
Fue en aquel entonces que el Barrio Judío fue incorporado a la
Ciudad Capital Real de Praga -integrada por la Ciudad Vieja, la
Ciudad Pequeña, la Ciudad del Castillo, y la Ciudad Nueva
Praguense- como quinto barrio, que ya en 1784 había cambiado el
nombre de ghetto por el de Josefov, en memoria al emperador José
II de Habsburgo - hijo de María Teresa de Austria - quien en ese año
le había otorgado autonomía a la judería de Praga.
Después de 1896, este antiquísimo y singular barrio de Praga
perdió su aspecto a causa de las labores de saneamiento y
urbanización, quedando en pie las 6 sinagogas del barrio de las 7
que existen en Praga, el antiguo Ayuntamiento, la Morgue o
Hermandad Funeraria Judía, y el famoso Antiguo Cementerio Judío.
De las 6 sinagogas conservadas hasta nuestros días en el
territorio de la antigua judería praguense - porque la séptima, de
estilo pseudogótico, de principios de este sigl, fue construida
fuera de la circunscripción de Josefov - llama la atención la
Sinagoga de Maisel, originalmente de estilo renacentista, pero
luego reconstruída en estilo pseudo-gótico, hoy convertida en
museo con objetos litúrgicos y documentos que dan fe de la
presencia, actividad y desarrollo de la comunidad judía en Praga
desde el siglo X.
No lejos de la Sinagoga de Maisel encontramos el Ayuntamiento
Judío, que data del siglo XVI, época del renacimiento, aunque en
el siglo XVIII fue sometido a una amplia reconstrucción en estilo
rococó.
Sin embargo, el monumento por excelencia de la judería
praguense es la Sinagoga Viejo Nueva, la más antigua de todas las
que sea han conservado en Europa, de alrededor de 1270, y una de
las construcciones más antiguas del gótico en Praga.
En las inmediaciones de la Sinagoga Viejo Nueva se encuentra la
Sinagoga de Pinkas, construcción de estilos gótico florido y
renacentista, aledaña al antiguo cementerio judío. Fue fundada en
la segunda mitad del siglo XV como oratorio privado de la familia
Horovic y actualmente sus paredes nos muestran los nombres de las
casi 80 mil víctimas del nazismo en el Protectorado de Bohemia y
Moravia, y los de los diferentes campos de concentración y
exterminio. Realmente, un documento sin parangón.
Muy cerca se encuentra la Sinagoga de Klaus, que nos muestra
una exposición de antiguos manuscritos hebreos e impresos poco
comunes, y de objetos litúrgicos y de uso casero.
De impresionante belleza es la llamada Sinagoga Española, en el
lugar donde ya en siglo XII existía una sinagoga que
posteriormente fuera denominada Vieja Escuela. El nombre de
española lo adquiere a prinxipios del siglo XVI cuando en Praga se
asentó una nutrida comunidad de sefardíes tras huir de la
inquisición española, y al culto de estos judíos españoles empezó
a servir el templo en cuestión. La Sinagoga Española fue quemada
en varias oportunidades y reconstruida. En 1836 pasó a ser la sede
de los judíos reformadores y en ella se empezó a realizar el rezo
con órgano. Y aquí cabe destacar que el primer organista y
director coral de la Sinagoga Española fue Frantisek Skroup, autor
de la canción titulada Dónde está mi Hogar, que hoy es el himno
nacional checo.
Pero uno de los monumentos más singulares del antiguo ghetto
praguense es, indiscutiblemente, el amplio cementerio judío, uno
de los más memorables y antiguos del mundo. Unas 12 mil tumbas
crean un ambiente un tanto bizarro, en el cual nos sentimos
sobrecogidos y fascinados a la vez por la fuerza del tiempo, y por
la peculiarmente mística poesía de la historia judía.
La tumba más antigua que se ha conservado hasta nuestros días
es la del poeta Avigdor Karo, fallecido en 1439. Sin embargo, los
pasos de todos los turistas se dirigen, sin excepción, hacia la
tumba esculpida en mármol rosado donde descansa la personalidad
más significativa de la comunidad judía praguense: el rabino
Jehuda Low Ben Becalel.
Según cuenta la leyenda, para el emperador Rodolfo II creó el
ser sobrenatural Golem. Otra tumba de importancia es la del
primado Maisel, una de las 12 mil tumbas que en conjunto forman un
monumento histórico-cultural único en su género en el mundo,
monumento donde finaliza nuestro recorrido de hoy por la secular
judería praguense.
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